Hoy, miércoles 31 de
octubre, Monterrey y Cruz azul se enfrentan en el estadio BBVA para definir al
nuevo campeón de la Copa MX. Ambas escuadras llevan buen paso, pero también
arrastran demonios del pasado que parecen condenarles a una fastidiosa
constante: perder en los partidos importantes.
El caso de la máquina es
bien sabido: es el equipo mexicano con más subcampeonatos acumulados, 7 de
ellos desde el año 2000 (cuatro de Liga,
dos de Concachampions y una Libertadores); lleva la denominación de “eterno
subcampeón” y viene en ascenso tras un periodo oscuro en el que al plantel le
costó trabajo figurar, incluso poniendo en duda el hecho de ser uno de los
“grandes” del balompié nacional. Además,
hace más de 20 años que los celestes no consiguen un título.
Lo de Monterrey no
es tan grave, se habla de la maldición que “lanzó” Miguel Samudio, hincado en
una de las porterías, en el Gigante de Acero. Desde entonces los Rayados
perdieron dos finales: Clausura 2016, ante Pachuca, Apertura 2017, ante Tigres,
un boleto a cuartos de final de Copa ante Gallos, y sus símiles femeniles un
clásico regio que daría el título del Clausura 2018. No obstante, los de
Monterrey ya saben lo que es romper con el “embrujo”, pues en diciembre del año
pasado levantaron la Copa MX en su casa.
¿Quién romperá la
maldición y quién la seguirá arrastrando? ¿A quién le dolería más la derrota: a
los locales, por perder otra final en casa, o a Cruz Azul, por añadir un
subcampeonato más a la cuenta? Si quieren mi opinión, yo creo que a la Máquina,
pues en medio de su gran rendimiento y expectativas de la temporada, un
descalabro significaría una baja anímica importante.
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