Neymar es nuevo jugador del PSG

Los rumores ya existían. Mucho se hablaba de una posible llegada de Neymar al París Saint-Germain pero la verdad es que, al menos en un principio, pocos eran los que creían que esto en verdad sucedería, especialmente los culés.

El panorama de compra era un tanto complicada, el club francés debía pagar 222 millones de euros por la cláusula de rescisión de “Ney”, situación que más que un reto parecía el obstáculo que impediría el traspaso del jugador. Recordemos que un año atrás el Manchester United puso en la mesa 120 millones de euros para fichar a Paul Pogba, lo que parecía una completa locura y que, al completarse el trámite, se convirtió en el fichaje más caro de la historia del fútbol. Entonces… ¿sería posible que alguien estaría dispuesto a pagar 222 millones de euros por un jugador? Sí, fue posible.



Neymar ya es nuevo jugador del PSG y se espera su debut en la segunda jornada  de la Ligue 1 ante el Guingamp; todo esto pese a enojo de barcelonistas y a la lluvia de críticas recibidas; entre ellas, está la creencia de que el brasileño se fue solo por dinero, que es un retroceso en su carrera el marcharse a un club más “pequeño” que el FC Barcelona, entre muchas otras, y no concuerdo por completo.

Es cierto que las cifras monetarias ofrecidas a la joya de 25 años son garrafales y el dicho dice que “con dinero baila el perro” pero, desde un enfoque futbolístico, no me parece que esa haya sido la razón principal de su salida de Cataluña. Está más que claro que el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona son los dos gigantes del fútbol mundial y que el sueño de la mayoría de los jugadores es algún día poder defender los colores de alguna de estas dos escuadras para alcanzar el mejor nivel futbolístico posible, lograr ser el mejor jugador del mundo; pero qué tal que te dijera que pertenecer a estas plantillas en realidad se convierte en un obstáculo para algún día poder ganar un balón de oro ¿suena algo extraño? Pues es justamente lo que le pasaba a Neymar.

Todos los que hemos visto los partidos del FC Barcelona hemos sido testigos del increíble crecimiento que el brasileño ha tenido como jugador. Siempre fue un gran gambeteador y de los que les gusta desplegar un “jogo bonito”, pero verlo jugar hoy en día es un verdadero deleite. Tiene calidad para ser el mejor jugador del mundo y ganar balones de oro, pero esto último sería sumamente complicado si el jugador siguiera compartiendo vestuario con Messi. ¿Por qué? El argentino es el mayor referente de los blaugranas y por más que Neymar mejorara en su juego, mientras la figura de Lionel persista en el club no podría brillar lo suficiente como para robarle el título de “Mejor jugador”. El argentino tiene demasiada historia en el Barça, llegó muy joven y con el paso de los años se ha ganado el corazón de millones de aficionados. Las victorias (al menos en su mayoría) son asociadas directamente al número 10, mismas que son recordadas con una fotografía  de Messi en primera plana. Neymar no podía competir con eso. Sabía que si quería que se le reconociera como el mejor jugador del mundo tenía que buscar otro club: uno sin “Lio”.

¿Un retroceso en su carrera? No lo creo. El PSG es un equipo cuyo nombre tiene mucho menos “peso” que el del Barcelona, pero justamente esa es la razón por la que contrataron al brasileño: quieren llegar a la cúspide de la élite mundial. El club francés ha ganado varios títulos de liga, circunstancia que le ha dado gran renombre, pero nunca ha ganado uno de Champions, aparentemente su principal objetivo en este momento. Un vistazo a la plantilla basta para percatarse de que la escuadra parisina no tiene nada que envidiarle a los gigantes de Europa. Y es que de lograr ganar esta temporada la UEFA Champions League muy seguramente Neymar tendría una mano acariciando el título del mejor jugador del mundo.

El cambio le ha abierto una puerta llena de posibilidades para convertirse en figura del club y para ser ahora él la portada de los periódicos tras un partido ganado.


En fin, el fichaje del ahora “diez” del PSG busca saciar objetivos de ambas partes, tanto del jugador como del club, que de hecho parece ser exactamente el mismo: ser el mejor del mundo.

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